Una noche del verano de 2016, en Lima, Jorge Villacorta me llevó a buscar libros viejos para mi nuevo trabajo por varias librerías de Miraflores y San Isidro.
Mientras caminabamos hablando del arte y de la vida, con la dulzura y sutileza que lo caracterizan, me contó la anécdota de una fotógrafa que a mediados del siglo XX buscó a Berenice Abbott, la maestra de Diane Arbus, para que la aconseje sobre cómo llegar a ser una gran artista.
Berenice le dio dos consejos: primero consíguete un estudio (checked) y luego divórciate (checked) , para mi caso él agregó uno más: sácate las plagas de encima (checked) .
Hoy me desperté con la voz generosa de Jorge resonando en mi cabeza, sintiendo que obré los tres consejos, que voy por el camino correcto, leyendo a Shopenhauer sin poder dejar de pensar que este Alemán misógino (imagino su misoginia como una venganza por no haber sido amado ni por su madre, es decir, como su debilidad) jamás imaginó a una mujer de 50 años que en 2016 se dedica a leer su gran obra en su estudio, fumando cigarrillos armados, bordando imágenes desde afuera, sobre la violencia y la ceguera de la voluntad.

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