Sobre “En Patagonia” de Marcela Magno.
Aldo Enrici.
Es Doctor en Filosofía. Especialidad: Hermenéutica. Universidad autónoma de Madrid.
Profesor de estética y antropología en la UNPA.
Director de proyectos de investigación en la Universidad Nacional de la Patagonia Austral y autor de numerosos artículos.

Estar debajo, adentro, dentro, entrado. Debemos suponer que “ser debajo de otro” es como ser en otro modo, “del bajo del otro”. Como si se fuera a nacer debajo, envuelto en algo que no es. Hipokeimenon es lo que yace debajo y adentrado y que los latinos han traducido, como sub-stare. El subjectum, o sea la substancia, es la cosa de la cual se predica todo lo que se pueda predicar, lo sustante. El subjectum no se relaciona con el hombre ni mucho menos con el yo, puestos que éstos son meros entes. Por ende, al hablar de sujeto se habla de una categoría del ser, referida a la sustancia que no tiene que ver con el hombre, mucho menos al yo. El objeto pone. Un poner tapado, un “tapatto”. Ante nosotros, una representación de lo que intenta ponerse en el capullo de piel de esa obra que sujeta al sujeto: siendo dentro, siento dentro, ciento, dentro de lo que siento. Dijo el animal despellejado: Auuuuuu. Autre.
Como siento, siendo otro con este objeto, con este otro siento, lo siento. Creemos que la posibilidad de pensar una imagen que recubre con su irradiación peluda aquella verdad inconciliable de la imposibilidad. Se puede decir que aquella imagen primordial recubre el horror de la nada, de la falta de nada, y más, la presencia de nada.

En otras palabras, el tratamiento de la red de existencias tapadas por el otro, no el otro, sino más que el mismo otro, pasa por considerar el proceso del objeto de tapamiento de-bajo y del otro, el otro Capital. Con ojo huidizo, con el ojo del cometa, está la modelo. Con miras a desentrañar lo que lo causa.
Mientras que no se desentrañe la relación existente entre los objetos de la otrora “otra” y el deseo humano, estaremos a expensas de los efectos de aquello que causa el malestar en la cultura, hoy en adición, el otro capital. La presentación del espectro no es un fantasma cualunque, sino un tapado, de piel, bajo el cual no hay nada. O un cuerpo en llamas, bajo el cual no hay nada.

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